Lunes 16 de febrero de 2026 – 20:20 h. WIB
VIVA – La idea de que saltarse el desayuno ralentiza el cerebro y dificulta la concentración está arraigada desde hace mucho tiempo en la cultura popular. Los anuncios de bocadillos a menudo implican que una persona no es ella misma cuando tiene hambre.
Este mensaje refuerza la creencia de que una nutrición constante es la clave para mantenerse alerta y productivo durante todo el día.
De hecho, por otro lado, la práctica del ayuno intermitente y el consumo de alimentos con tiempo restringido se ha vuelto cada vez más popular durante la última década. Mucha gente lo hace para obtener beneficios para la salud a largo plazo, desde controlar el peso hasta mejorar el metabolismo.
La pregunta es: ¿deberían pagarse estos beneficios con un rendimiento mental reducido? ¡Vamos, desplázate hacia abajo para obtener más información!
Una revisión publicada el 13 de febrero de 2026 intenta responder a estas dudas. La investigación fue escrita por David Moreau, profesor asociado de psicología de la Universidad de Auckland, y publicada nuevamente por The Conversation. Los hallazgos desafían las suposiciones arraigadas sobre la relación entre el hambre y la agudeza cerebral.
Biológicamente, el cuerpo humano está diseñado para afrontar períodos sin comida. Cuando una persona come con regularidad, el cerebro utiliza la glucosa almacenada en forma de glucógeno como principal fuente de energía.
Pero después de unas 12 horas sin ingesta, estas reservas empiezan a agotarse. “En este punto, el cuerpo realiza una transición metabólica al descomponer las grasas en cuerpos cetónicos como el acetoacetato y el beta-hidroxibutirato, que pueden utilizarse como fuente de energía alternativa para el cerebro”, dice la investigación, citada por Science Alert, el lunes 16 de febrero de 2026.
En el pasado, esa flexibilidad metabólica era importante para la supervivencia cuando los alimentos escaseaban. Además de los cambios en las fuentes de energía, el ayuno también se asocia con la activación de la autofagia, que es el proceso de limpieza de las células de componentes dañados y se cree que desempeña un papel en un envejecimiento más saludable.
La sensibilidad a la insulina también aumenta, lo que permite que el cuerpo controle los niveles de azúcar en sangre de manera más efectiva y reduce potencialmente el riesgo de diabetes tipo 2. Estos cambios hacen que el ayuno sea aún más atractivo desde el punto de vista médico.
Sin embargo, la preocupación por la disminución de la función cognitiva sigue siendo la razón por la que muchas personas dudan en probarlo. Para responder a esta pregunta, los investigadores realizaron un metanálisis o un estudio combinado de todos los estudios experimentales que compararon el rendimiento cognitivo de las personas en ayunas y después de comer.
Página siguiente
Identificaron 63 artículos científicos que representan 71 estudios independientes con un total de 3.484 participantes y 222 medidas cognitivas diferentes. El abanico de investigaciones analizadas es amplio, desde 1958 hasta 2025.















