Reseña de ‘Osmosis’: El retrato de nuestra necesidad de control

La oportunidad de hallar el amor verdadero a través de la ciencia, un match  sin fallos. Esa es la premisa bajo la cual aparecieron los primeros avances de Osmosis, la serie francesa que Netflix estrenó el 29 de marzo.

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El argumento principal de la nueva producción europea está ambientada en un futuro tecnológico, razón por la cual muchos han decidido compararla con Black Mirror. Si son similares o no, eso es algo que no podría asegurar, puesto que de Black Mirror sólo llegué a ver Bandersnatch y no quedé muy impresionada. Osmosis tiene una temporada de ocho episodios, cada uno con una duración aproximada de 40 minutos.

Voy a intentar no soltar ningún spoiler. La serie es bastante sencilla de ver, aún cuando muchas de las situaciones presentadas dependen de tecnología que no existe en el mundo real, el lenguaje no resulta fastidioso. Los protagonistas son los hermanos Vanhove, Paul y Esther, dos científicos especializados en neurociencia que están a punto de lanzar un proyecto que promete controlar lo incontrolable, el amor real. Las dificultades a las que se enfrentan aparecen desde el episodio uno: la falta de dinero, la oposición mediática y la competencia. Osmosis es de lo que todo el mundo habla y antes de estar disponible para el público en general, ha seleccionado a un conjunto de voluntarios que se someterán a un periodo de prueba. Empezamos a tirar del hilo.

Un proyecto revolucionario

Tu alma gemela, eso es lo que encuentras si eliges ser parte de Osmosis. La seguridad de tener una conexión real y respaldada por la ciencia, a través de datos escondidos en lo profundo de tu cerebro. Se codifican los requerimientos exactos de tu pareja ideal, luego se coloca un implante y después de unos días podrás conocer el rostro del amor de tu vida. En un futuro en el que las interacciones sociales y sexuales se han encerrado en realidades virtuales, aparecen los hermanos Vanhove para darle al mundo la felicidad verdadera.

Partir de esta necesidad social y tomarla como base de la historia puede parecer un argumento bastante flojo, pero en el fondo es la razón por la que provoca seguir viendo cada episodio. La elección del cast es bastante acertada, la relación que existe entre la familia Vanhove y las personas que trabajan junto a ellos es clave para darse cuenta de las verdaderas motivaciones de cada hermano. Vamos a dejarlo ahí.

 

Los primeros voluntarios

Puede que este sea el aspecto que menos me agrada de la serie futurista. De la docena de personas que eligen ser parte del periodo de prueba, solo conocemos a fondo la historia de tres de ellos. Cuando digo ‘a fondo’ me refiero al profundo conocimiento que tenemos sobre su relación con el implante, porque de sus pasados poco se habla. Ana, Niels y Lucas son los elegidos por el equipo de guionistas para ser usados por uno de los hermanos Vanhove y es un poco molesto saber que esa es la única razón por la que nos permiten darle un vistazo a personajes que no son parte del equipo de Osmosis.

Los principales clichés de cualquier sociedad que quiera llamarse inclusiva están representados en los tres voluntarios que poco a poco se van convirtiendo en protagonistas de determinados episodios. Claro, las decisiones de cada uno de ellos son también el vivo reflejo de una sociedad estereotipada.

 

Tragedias y dramas familiares

A partir del tercer episodio, las acciones de los enemigos de Osmosis atacan directamente los intereses personales de Paul y Esther Vanhove, lo que trae consecuencias bastante crueles para ellos. Sencillamente, lo que intentan garantizarle a los demás les es arrebatado. Ver a los protagonistas perder el control solo confirma la correcta elección del cast. Además, cuando las aguas se van poniendo mansas los guionistas nos tiran en la cara un plot twist digno de ser aplaudido, un recordatorio de la capacidad inefablemente humana de dañar a los que más amamos.

Llegados a este punto, el final de la serie se vuelve bastante incierto. No hay tiempo para respirar entre los descubrimientos familiares y las fallas tecnológicas.

 

La decisión final

El episodio final es poco predecible pero no llega ser sorprendente. No, no es broma. Después de tantas vueltas tecnológicas que encuentran solución en decisiones bastante humanas, uno puede esperar que el final sea una metáfora de la forma en que elegimos nuestros caminos. Pero, nos dejan uno o dos detalles que no tienen precedente, me atrevería a decir que pueden ser la esperanza de una segunda temporada. Aunque quiero creer que fue suficiente para cerrar la reflexión en la que está cimentada toda la historia de Osmosis, debo admitir que esperaba un poco más, quizá el mismo mensaje con formas más duras. Todos los episodios anteriores tienen al menos un momento de shock que escapa a la serie y confronta al consumidor y no lograron un momento así para el episodio final, cierren los ojos y escuchen el leve sonido de la decepción.

 

Osmosis es de lo más nuevo que van a encontrar en Netflix, no me parece que esté limpia de acotaciones, pero me gustaría recomendarla.  Aquí les dejo el trailer oficial. Amigos, que la disfruten.