Le Mans 2016: Una vez más, la mejor carrera del mundo.

Ha transcurrido un tiempo desde el final de la 93ra edición de las 24 Horas de Le Mans. Como todos los años, 24 horas emocionantes, llenas de altibajos emocionales e historias alegres y tristes. Y habiéndose asentado el polvo, hay muchas lecciones que nos deja este evento, que deben ser compartidas. Porque si algo es innegable en esta carrera en particular, por sobre cualquier otro evento o categoría en el mundo, tiene algo mágico y épico que la destaca del resto. Es un esfuerzo físico, mental y tecnológico, que separa hombres de niños. Que separa a los débiles de los fuertes y a los que son pura boca de los que cumplen sus promesas. Y así no termines la carrera puedes decir que tuviste el enorme valor de intentarlo. Como lo dice Patrick Dempsey en este video promocional de Porsche:

Todos los años tienen una historia central. Y todos los años hay sorpresas agradables y desagradables. Pero hay algo que se mantiene por sobre todas las cosas: La pasión y el respeto. La Sarthe es un circuito sagrado, al cual entras sin saber quien eres y del cual emerges sabiendo exactamente de que estas hecho. 1 día después, eres una persona diferente. Son solo 24 horas, una sola vuelta de la Tierra sobre si misma y 1/365 de vuelta alrededor del sol. Pero es un antes y un después. Cuando el reloj marca cero al día siguiente, todo ha cambiado. Las cosas que se vivieron perdurarán por siempre y harán eco en la eternidad.

Para participar de Le Mans tienes que comprometerte. Contigo mismo y con el resto de tu equipo. Ya sea de participante o de espectador. Y para ello tienes que poseer la pasión. Un espectador casual lo hallará aburrido. No entenderá la entropía de una carrera automovilística. Entropía que tanto pilotos como ingenieros intentan dominar. Esto se pone más en evidencia en una carrera de larga duración como Le Mans. Como en antaño, hay accidentes espectaculares, incendios en boxes, pilotos veteranos que cometen errores por nervios o cansancio y postales de equipos durmiendo como pueden y donde pueden; entre otros. Pero la gente esta ahí. En la edición 2015, Nissan se presentó con un prototipo muy nuevo sin mucho tiempo de pruebas. Y de viernes para sábado tuvieron que desmontar los motores por completo y volverlos a montar. Y continuar sin dormir la 24 horas siguientes para dar servicio a ambos competidores. En tres palabras (como ellos mismos dijeron): Eat, sleep, race. Repeat. Una persona que hace algo a medias o porque solo le parece entretenido no puede con todo eso. Tienes que tener una pasión. Tiene que ser un incendio que nace en algún lugar recóndito de tu mente y que solo se puede aplacar entregándote con todo a realizar aquella visión. Y no existe nada más. Salvo tu equipo y tus rivales.

Le Mans exige respeto. La Sarthe exige respeto. No es una pista fácil, los vehículos no son fáciles de dominar y los rivales no son fáciles de doblegar. Porque cada rival que esta en cada uno de los boxes de los cuales eres inquilino esta en ese lugar con el mismo nivel de entrega. Con la misma pasión. Y con las mismas ganas de probarse a si mismo y probarle al mundo que la gloria es real y que no están locos por entregarse ciegamente a estas competencias. Participar en Le Mans es algo que debe hacerse con la mayor seriedad. Las marcas de automóviles pueden colocar un equipo oficial, pero solo después de cuidadosa consideración y preparación. Una vergüenza en Le Mans es algo que te recordarán burlonamente el resto de tu vida. Y la mayoría de directores de empresas de automóviles deportivos se sienten personalmente agravados cuando les recuerdan esto. Es también un lugar de triunfo tecnológico, cuando le demuestras al mundo que tu visión para un mañana distinto no es locura, sino es real y es mejor que el resto. Mazda, en 1991 con el motor rotatorio Wankel (“Esos motores son arcaicos, solo se usaron par aviones”). Audi con el motor Diesel TDI en el 2006 (“El motor diesel entrega fuerza, no velocidad”), entre otros. Y hoy, los reyes de la pista son los prototipos híbridos, de motor de combustion interna y baterías y motores eléctricos, acoplados a sistemas de recuperación de energía. Es un futuro distinto, el del automóvil deportivo del mañana. Ya no perseguimos tamaño (V12s, cilindradas gigantescas de 6 litros), perseguimos eficiencia (Porsche campeonó estos dos años con un motor de 4 cilindros y sistema híbrido de 10 megajoules, que entrega mas potencia y torque que cualquier motor de antaño). Perseguimos responsabilidad ambiental, con menos emisiones de las que habían en otros tiempos. Y cuando un concepto radical triunfa; te levantas, te callas y aplaudes. Y que un concepto triunfe no significa que gane, sino que se pare a tu lado y diga “yo también puedo”. Y es por eso que una de las mas antiguas tradiciones es la de cruzar al box del ganador y felicitarlo, una vez concluida la carrera.

 

Y por supuesto, la forma mas antigua de respeto, es la broma:

La historia de este año fue, tristemente, el deceso del Toyota #5, faltando menos de 5 minutos para el final, cuando lideraba la carrera y lo había hecho cómodamente durante varias horas. Ofreció un drama inigualable. Nadie podrá olvidar las lágrimas del director deportivo de Toyota al ver las imágenes, ni el gesto de decepción al ver a Kazuki Nakajima bajarse del auto y enfrentar a sus compañeros de equipo, quienes sin dudarlo lo abrazaron para hacerle saber que no estaba solo. La emoción infantil de los pilotos del Porsche #2 al saberse campeones. Así como nadie podrá olvidar las lágrimas de alegría de Mathias Müller, director general de Porsche (y ahora del Grupo Volkswagen), el año pasado al ganar Le Mans por vez número 17, tras haber pasado 17 años desde su última victoria. Esta carrera entregará siempre momentos emotivos. Quizás la única mancha en la historia de este año fue el fiasco del balance de performance del Ford GT, quienes aparentemente ocultaron su verdadero ritmo, haciendo que sus restricciones sean mas livianas que las de otros, para dominar el día de la competencia sin problemas. Como olvidar la titánica, aunque fútil defensa de un valiente Giancarlo Fisichella a bordo del Ferrari 488 por mantenerlos detrás, empañado por las decisiones de la organización. No es por restarle mérito a Ford y a sus pilotos, pero no así.


Momentos finales de la edición de este año.

Que venga el próximo año. Y que nunca deje de venir.